EL LIBRO DE SILVIA – CAPITULO 3

EL LIBRO DE SILVIA

CAPITULO 3

Muchos años después, ya estando en Israel, tuve mis primeros contactos con el Reiki. Una amiga mía, a la que yo ayudaba con el hebreo, me dijo que ella era maestra de Reiki, y yo no tenía la menor idea de lo que me hablaba ni le mostré tampoco demasiado interés.

Para los que no saben lo que es el Reiki, encontré esta breve definición en Internet:

“Reiki es una palabra japonesa que significa Energía Vital Universal. Se trata de un sistema natural de relajación, reequilibración y sanación que se aplica a través de las manos”.

Por circunstancias de la guerra que hubo en Israel en el 2006 en el Norte, cerca de donde yo vivía, tuve que trasladarme más al centro del país por un tiempo hasta que se tranquilizara todo. En esa coyuntura, conocí por casualidad a alguien  que estaba relacionado con una prima mía, que practicaba todo tipo de terapias alternativas, aunque de oficio era electricista.

Pasada la guerra, y encontrándome en la casa de mi prima, volví a ver por casualidad al terapeuta que me dijo sin que yo le preguntara absolutamente nada, si no conocía alguna persona que practicara Reiki cerca de mi casa, porque yo necesitaba urgente un tratamiento, él sentía mis energías con sus manos, que se le pusieron rojas y calientes sin tocarme siquiera.

Ante esta situación me puse de inmediato en contacto con mi amiga maestra de Reiki y le dije que quería probar la terapia, ya que me la habían recomendado muy especialmente.

Finalmente en un fin de año decidí probarlo, y lo  más increíble es que los que estaban alrededor mío fueron los primeros en notar sus beneficios.

Mi marido me dijo: yo quiero que me hagan lo mismo que te hicieron, sos otra persona, se te ve mejor, no te quejás de dolores, estás de mejor humor, etc.

Y así fue que mi marido tambiéèn se hizo una práctica de Reiki, que no fue la última.

Y la gente lo veía por la calle y le decía si había hecho algùún tratamiento para rejuvenecerse, porque era como si le hubieran quitado varios años de encima de un día para el otro. Era algo increíble.

Yo lo sentía de una manera más leve, pero de todos modos me ayudaba en determinadas situaciones, sobre todo cuando tenía problemas en mi trabajo.

Por otro lado, mi marido y yo,  recomendamos la terapia a algunas personas conocidas y algunos de ellos nos lo agradecieron porque se vieron muy beneficiados.

Viendo que  el  Reiki podía ayudar a las personas, yo también quería aprender a practicarlo, para mí y para los demás, principalmente para mi marido al que le hacía muy buen efecto.

Pero mi amiga no se decidía a transmitir sus conocimientos, y debe ser un maestro de Reiki quien inicie a otra persona.

Y como yo no me iba a quedar sin obtener lo que quería y dependiendo de otros, busqué infinitamente por Internet maneras de iniciarme sola. Pero ninguna me resultó realmente efectiva.

Hasta que por casualidad, encontré un nuevo método mucho más sencillo, que no requiere de ningún símbolo, ni absolutamente nada, que se adaptaba exactamente a mi manera de ser y se llamaba “la Reconexión” del Dr. Eric Pearl.

Quedé impactada por los videos y lo que leí en los forum sobre el tema.

En ocasión de  la visita de mi sobrina a Israel , le encargué que me trajera el libro traducido al castellano desde la Argentina , y realmente leerlo concretó  mi sueño de poder ayudarme y ayudar a otras personas, sin hacer ningún curso ni iniciación, ni estar en contacto con nadie.

Sólo lo probé y funcionó. Pude ayudar a muchas personas con ese método tan sencillo.

El libro lo leí y lo sigo leyendo infinitas veces, ya que ahí mismo dice que por lo menos hay que leerlo tres veces, y por otro lado, a medida que lo leemos más veces vamos elevando nuestro nivel.

Este libro decía una vez más lo que había ya leído en tantos otros, pero esta vez era como si todos los pensamientos e ilusiones se volvieran realidad.

Y el hecho de poder ayudar a gente sólo con pasarles las manos cerca, sin tocarlos o a distancia, como el caso de una amiga mía que mientras nos hablábamos por Internet le dije que le transmitía una curación con el pensamiento y en el momento sintió un alivio instantáneo, o mi marido que estaba muy dolorido terminando un trabajo y le envié mi sanación, sintió una electricidad que le corrió por el cuerpo y pudo terminar sin dolores y sin fatiga su trabajo.

Y veo las casualidades que no son casualidades, que cuando me hablaron del reiki no me interesó, que luego me dijeron que lo debía utilizar, y cuando no teníìa quién me lo enseñe conocí algo que lo superó, pero todo debe llegar en el momento justo, no cuando nosotros queremos sino cuando estamos listos para recibirlo.